aprender a respirar/antonio regalado
Creo que no hay dolor más profundo y extenso que el de perder un hijo. Durará toda la vida.
Aprender a respirar
Texto y Fotos: Antonio RegaladoDesde hace sesenta días no he sido capaz de escribir una sola línea. Mi Bahía de Itaca quedó en silencio el 13 de enero, catorce minutos antes de la medianoche. Releí la crónica que tenía que entregar y la envié al editor. Respiré con dificultad y subí a contar la peor noticia de mi vida a su madre y a su hermana. Nos fundimos en un abrazo interminable y rompimos a llorar desconsoladamente contra la madrugada. Creo que no hay dolor más profundo y extenso que el de perder un hijo. Durará toda la vida.La noche más oscura.Imposible dormir. La mente es una autopista de ideas desconcertantes sin procesar entre la incredulidad y la impotencia. No hay que ser muy creyente para increparle a Dios (y a Madre Teresa) por qué nos habían abandonado. Pese a la herida abierta en cuerpo y alma, procuras que no te invadan ni el miedo, ni el odio ni el rencor. No es una mala terapia antes de ponerte en manos de profesionales. Tu vida ha cambiado –¡y de qué modo!- en un segundo. Pienso en Tito, sí, pero también en Barbara, su joven esposa, que ha visto destrozado su futuro; Os habíais casado en octubre del año pasado en un palacio de cuento de hadas próximo a Viena. Una jornada familiar e íntima por expreso deseo de los contrayentes. ¡Qué corta es la felicidad¡ “Es tan corto el amor y tan largo el olvido…”, como escribió Neruda. Entiéndase, ¡cuán grande pérdida¡Cada hora que pasa te sientes suspendido del vacío, ingrávido, como si el universo entero hubiera caído sobre ti, como si te hubiera aplastado una apisonadora. Y no; no hay consuelo por el hijo perdido en la mitad de la vida. Aquella fue la noche más larga y más oscura.
Arropados en la penaA primera hora de la mañana, la cónsul general de España en la Federación rusa llamó personalmente para darnos el pésame oficialmente, poner los medios suficientes a nuestra disposición y comunicarnos que las heridas tras el accidente eran incompatibles con la vida. Nos solicitó los pasaportes para tramitar directamente desde Moscú los visados urgentes por razones humanitarias y esa misma tarde, la embajada de Rusia en España nos otorgaba tres permisos de 90 días para realizar todos los trámites y poder repatriar sus cenizas. Es de justicia felicitar al personal de la embajada rusa por la amabilidad y la rapidez.
Obviamente no podíamos sacar los billetes hasta tener los tres visados. Y ya por la tarde fue imposible conseguirlos para el último vuelo a la capital rusa. Tuvimos que viajar al día siguiente, vía Roma. Llegamos a las once y media de la noche (hora local) al aeropuerto internacional de Sheremétievo. A la salida, enseguida nos abordó Javier González, un amigo de Tito que nos llevó en taxi directamente al hotel Azimut, en el corazón de la ciudad. Los edificios deslumbraban inmersos en la navidad ortodoxa.Nos facilitó el registro en la habitación reservada por la dirección de Sputnik News, la empresa en la que Tito trabajaba desde 2016. Allí mantuvimos un encuentro emotivo con Bárbara y con sus padres. Todos lloramos juntos sin entender que la muerte había salido sin permiso al encuentro de un hombre bueno en plenitud; en el hall del hotel sentimos ”un golpe helado, un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal que nos había derribado”, a las dos familias., como rezaba Miguel Hernández. Abrazos, sollozos y un nudo perpetuo en el pecho que apenas nos permitía respirar. No había palabras ni en inglés, ni en castellano ni en alemán. Dos familias unidas en la misma tragedia. Nos retiramos a las respectivas habitaciones para intentar dormir. Otra noche larga y en blanco pensando en la soledad que Tito estaría pasando en la morgue a la espera de la autopsia.Tuvimos que esperar otras 24 horas. Esa misma mañana, aparecieron en el hotel, Ilona, la jefa y protectora de Tito en la Redacción del diario digital; María Rodríguez, periodista gallega y desde hace 10 años presentadora de Rusia Today (RT), gran apoyo de mi hija Carmen, y Xavi Colás, corresponsal de El Mundo a quien conocí personalmente.
Tras el desayuno alguien propuso visitar la Plaza Roja. Apenas tardamos 20 minutos desde el hotel. Un paseo envuelto en nostalgia. La Navidad ortodoxa extendía su felicidad mientras nosotros arrastrábamos una pena infinita en la que otrora fue la fortaleza de la Revolución del 17. Las fotos familiares denotan que nuestra mente y nuestro corazón estaban en otro mundo. El mausoleo de Lenin estaba vallado. Lo visité en 1984 como invitado especial del PCUS, acompañando al presidente del Senado José Federico de Carvajal. Paradojas de la vida, su entonces jefe de gabinete era Fernando Valderrama, hoy embajador de España, que me telefoneó para solidarizarse en nuestro aciago destino.Al paseo por la Plaza Roja se unió otro colega de Tito, Ricardo Marquina, un reportero de televisión todoterreno, que le entrevistó en la universidad de Krasnodar para el programa Españoles en Rusia emitido en un canal moscovita y que puede verse aún en YouTube. Destacó que fue un privilegio trabajar con él. Luego, almorzamos en un restaurante Italiano y regresamos al hotel admirando el cambio radical que ha experimentado la capital de la antigua URSS en esta última década. El sol empezaba a esconderse.Cinco minutos después de llegar a la habitación del hotel, el responsable de Emergencias del consulado, Miguel Ángel Ortiz, nos comunicaba que, en breve, un especialista nos llamaría desde Madrid para mantener una charla constructiva. En efecto, media hora después, un psicólogo estuvo explicando a Cruz, mi mujer, la primera fase del duelo que nos esperaba. Aún estábamos en shock. Su lección nos tranquilizó a todos. Un servicio ciudadano impagable. Orgullosos de ser españoles. A continuación, en el hall del hotel se nos explicó el plan del día después, el día de la incineración. La Embajada española y Sputnik News coordinaron las agendas de manera ejemplar. En ningún momento nos sentimos solos; nuestra diplomacia y los compañeros del trabajo nos arroparon en todo momento. Tras dos días sin conciliar el sueño, aquella noche pudimos descansar un poco.
Ceniza enamoradaEl viernes 17 de enero, Moscú amaneció desapacible pero no hacia frio. Una furgoneta nos trasladó a las familias dolientes Regalado-Benedik hasta el tanatorio. Llegamos poco antes de las nueve y media de la mañana. El crematorio estaba funcionando ya. Esperamos. Un minibús llegó directamente desde Sputnik News. Compañeros del departamento de español descendieron con claveles rojos. Eran periodistas jóvenes a los que Tito había enseñado lo aprendido en EL MUNDO, EXPANSION y MARCA. Nos abrazaron a los deudos como nunca nos habían abrazado hasta entonces mientras llorábamos juntos. En ese momento comprendimos que Tito había creado una escuela de jóvenes periodistas que le admiraban y le querían. “Tito marcó el estilo del nuevo Sputnik”, me explicaba una joven colega que había compartido lecciones de ruso en la Universidad de Krasnodar y que había aprendido nuestro idioma en las clases gratuitas que Tito impartió durante los cursos 2014 y 2015 mientras se graduaba en literatura rusa y en la lengua de Tolkstoi.A la comitiva se unieron la cónsul general de España en la Federación rusa Itziar Taboada, y Miguel Ángel Ortiz; una gran compañía la de las autoridades diplomáticas arropándonos en esos duros momentos tan lejos de casa. Reitero: nunca nos sentimos solos.La ceremonia de inhumación fue precedida de una plegaria por la jefa de ceremonias del crematorio. Por el tono, se refirió a la superación del dolor, a no perder la esperanza y a recordar por siempre a los seres queridos. Una oración sencilla para compartir un dolor interminable.
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La sala era amplia. El féretro se instaló en un altar de poco más de un metro de altura, en el centro de la estancia. Los familiares nos colocamos cerca. Los amigos de Sputnik News desfilaron ante los restos mortales depositando cada uno dos claveles rojos. Sputnik, la empresa periodística con participación estatal hizo llegar una corona de flores. Tras el rezo colectivo tuve el valor de dar las gracias a los allí convocados por acompañarnos en la mañana más triste de nuestras vidas. Después de unos segundos interminables, un mecanismo automático hizo descender el féretro ante nuestros ojos para la cremación. ¡Adiós, Tito, adiós!, pensé para mis adentros. Todo estaba consumado. Nuevos besos, nuevos abrazos y lágrimas nuevas. Lágrimas compartidas para mitigar el dolor del alma. Me acordé del soneto de Quevedo… “Su cuerpo dejarán, no su cuidado; serán ceniza, más tendrán sentido. Polvo serán, más polvo enamorado”.Abandonamos el crematorio en silencio empapados en tristeza. Yo acompañé a los representantes diplomáticos al consulado para recibir los certificados de defunción y de cremación con sus correspondientes traducciones oficiales y los sellos de la Embajada para poder trasladar las cenizas a España y a Austria. En apenas una hora toda la burocracia se había superado merced a la diligencia de unos funcionarios ejemplares. “Estamos aquí para ayudar a nuestros compatriotas”, me comentaba la cónsul general mientras le mostraba mi agradecimiento. El propio conductor del consulado me llevó a la sede de Sputnik News donde los compañeros de Tito, con su jefa Ilona a la cabeza, hicieron a las familias Regalado-Benedik un pasillo de honor y nos obsequiaron con un pequeño refrigerio. Nos invitaron a ver la moderna redacción de Sputnik News, con sus casi treinta ediciones para todo el mundo. Cientos de periodistas para contar lo que sucede en Rusia. “Sputnik cuenta lo que otros callan”, es una de sus señas de identidad.Tito editaba y supervisaba los textos y por ello, sus artículos no fueron muchos pero marcaban tendencia. Se pueden leer simplemente entrando en el buscador. Nos sorprendió la pujanza y la potencia de varias redacciones paralelas trabajando para llevar la nueva imagen de la Federación rusa a todos los confines de la tierra. La pantalla del ordenador de Tito estaba en negro.
Siempre nos sentimos orgullosos del trabajo de nuestro hijo en Moscú. Allí, frente aquel ordenador apagado, recordé el momento en el que me comunicó que tras la reestructuración de Unidad Editorial –donde Se había incorporado A trabajar después de realizar el Máster de Periodismo-, quería inscribirse en la Universidad de Krasnodar, aprender ruso y ejercer en Moscú. Sabía de su amor por la literatura rusa así es que no me extrañó demasiado. Y le animé a que se fuera allí. En su primer año conoció a Barbara, su compañera, su amiga, su esposa… su gran amor, que le siguió a Moscú. Vino muchas veces a Madrid. Le encanta España. Hemos perdido un hijo pero tenemos una nueva hija. Barbara, te queremos.Después del último después
Querido Tito: El pasado sábado 7 de marzo, mamá, tu hermana y yo fuimos a visitarte a Canillas. Allí te prometí que más allá de la ausencia y de las lágrimas, tenía que volver a escribir mis Bahías de Ítaca. Y en eso estamos. Cumpliendo la promesa. ¡Cuánto duele escribir con el alma rota en mil pedazo! Pero hay que seguir adelante.Después de tu último después, -de la incineración- volvimos al hotel. Tus amigos españoles estuvieron en la inhumación. Y nos acompañaron por la tarde también hasta que llegaron tus cenizas.Había dos urnas: una para nosotros y otra para para Bárbara. Al haber solo un certificado oficial, no tuvimos otra opción que acudir a enviar la nuestra al aeropuerto; era una noche cerrada y con un tráfico horrible. Merced al coraje de tu jefa Ilona –gracias, amiga, por tu valentía y paciencia- pudimos embarcar tus cenizas en el avión de Aeroflot, que de madrugada nos trasladaría a Madrid. Moscú aquella noche estaba deslumbrante.Le dimos a tu esposa el certificado original para que pasase la otra urna por la aduana sin problemas. Al llegar el sábado al aeropuerto de Barajas las oficinas de la Agencia Tributaria estaban cerradas en la Terminal de Carga; gracias a la generosidad de la funcionaria del aeropuerto, se nos autorizó recoger “el paquete”. Gerardo, un compañero del alma y de RNE, me acercó a nuestra residencia, donde entre sollozos le dije a mamá y a tu hermana: “Ya tenemos a Tito en casa”. Lloramos largamente. Instalamos la urna en el salón junto a la chimenea.
Querido Tito: Encarna trajo un ramo de flores frescas y Pilar un árbol de la vida que aún no se ha marchitado. En Sputnik nos regalaron el retrato que presidió las honras fúnebres, una foto del día de tu boda. Mamá lo colocó junto a la urna. Hubo unanimidad para que descansaras en el panteón familiar de Canillas, junto a los abuelos.Tardamos más de lo previsto en llevarte allí porque Barbara quería asistir a las exequias. Cuando estuvo un poco mejor, llegó desde Viena y aprovechamos para hacer diligencias administrativas en Justicia, en el banco, en el notario, en la policía. ¡Cuánto papeleo querido hijo¡La inhumación de las cenizas fue sencilla e íntima tal y como queríamos todos. Solo acudieron los primos, los tíos y nosotros cuatro. Entramos en la iglesia de Canillas, encendimos las luces, colocamos la urna y tu foto junto al altar mayor y Chusina, Isay Nines glosaron tus virtudes de gran persona, de gran primo y de hombre siempre dispuesto a ayudar a los demás; te recordaron como un ser alegre y enamorado. Bárbara estaba muy emocionada y no pudimos evitar llorar juntos una vez más. Tú hermana Carmen hizo un discurso sencillo: ”he perdido más que a un hermano”, dijo con entereza. Confesó que tú fuiste su maestro en la literatura, en el cine, en la música –a los dos os gusta Sabina– y en la vida: admiraba tu valentía de irte lejos a buscar trabajo. Como todos, nos sentíamos orgullosos de ti. Luego, fuimos al cementerio. El sol salió de repente desplazando a la lluvia para darte la bienvenida. Rezamos un padrenuestro, Fernandito abrió la tumba de los abuelos y yo mismo deposite la urna precintada. Colocó una placa: Tito Regalado Sánchez. Salamanca, 1979 - Moscú, 2020 DEP
Los primos pensaron que debíamos celebrarlo. Nos fuimos a comer a un restaurante en Villamayor. buenos productos y buen servicio. Luego dimos un paseo por los alrededores y regresamos al apartamento de Salamanca. Carmen y Bárbara salieron a dar una vuelta por la noche salmantina con los primos. A la mañana siguiente, bajamos a la plaza con el tío Seni, con la tía Toña y llegamos hasta el puente romano. Bárbara estaba cansada pero le sentó bien el paseo.Una misa por la vidaRegresamos el lunes y empezamos con los papeleos. Todo se está resolviendo sin contratiempos. Tus amigos no dejaron ni un momento sóla a Bárbara. Sus padres llegaron el jueves en la noche para el oficio religioso del viernes. Tu hermana eligió la parroquia de Santo Tomás Moro porque cuando era joven cantó en el coro de gospel. El Padre Felipe convirtió la misa en una celebración a la vida. Y te escribió una carta que en lo esencial decía que tú te has ido antes para velar por Bárbara, por mamá, por Carmen –aún conserva el wp que le enviaste tras la oposición a magisterio-, por mí, y habló de tener fe y resignación. No podemos desprogramar el sufrimiento pero tenemos que perder el miedo. Por ello, iremos más veces a verle a la parroquia. Perderte es una prueba de que siempre permanecerás en nuestro recuerdo y en nuestro corazón.
Algunos de tus mejores amigos se ofrecieron a leer durante la ceremonia, pero querido hijo, lo más conmovedor fue el silencio que reinó durante toda la misa. La gente que estaba allí te quería. Ese es tu mejor patrimonio. Por donde fuiste, dejaste huella. El amor y el cariño de tus amigos y de todos los que te queríamos no desaparecerá nunca.Querido hijo: te echamos de menos y lo haremos el resto de nuestras vidas. Nos has dejado huérfanos a todos y el dolor del alma, tengo que decírtelo, estalló en mi cuerpo. Cuarenta y ocho horas después de llegar de Moscú, me ingresaron de urgencia en el Hospital Universitario Puerta de Hierro y al día siguiente me operaron de la vesícula biliar. Mucho dolor pero pasajero Me he recuperado perfectamente. El trato fue extraordinario. En menos de 48 horas ya estaba en casa. Mi médica de cabecera me dijo que la interrelación de esta intervención con la pena acumulada era evidente.Ya no podremos wapearnos mientras gozábamos y sufríamos viendo jugar en directo al Real Madrid y a Rafa Nadal. Lo echo mucho de menos, querido Tito. El último recuerdo que guardo de ti fue del 21 de diciembre cuando te llevé a la T2 de Barajas. Nos abrazamos y me dijiste. “Te quiero, Antoñito”. Ahora Bárbara también me llama Antoñito.Homenaje en MoscúTe diré finalmente,hijo, que el embajador de España en Rusia me adelantó que el pasado 19 de febrero te hicieron un pequeño homenaje en Moscú. Estamos a la espera de que Ricardo nos envíe un vídeo del evento. Tu hermana Carmen, grabó un minuto dando las gracias a todos los que han estado cerca en estos tiempos tan difíciles. El texto rezaba así:
“Queridos amigos: Gracias de todo corazón por el cariño que estamos sintiendo en estos momentos. Gracias Fernando, embajador de España; gracias a Itziar, a Miguel Ángel, a Lago, a Katia y a todo el personal del Consulado.Gracias a Sputnik News por ofrecerle un excelente trabajo en Moscú; gracias a Ilona que siempre confió en ti. Gracias a sus compañeros de la redacción; y especialmente a sus colegas y amigos, Xavi, Víctor, María, Javi, Ricardo, y en definitiva, a todos los que le conocieron porque le quisieron y nos hicieron sentir como si estuviéramos en casa.
Siempre tendremos una inmensa deuda de gratitud con todos vosotros. Gracias, principalmente, a Bárbara, su mujer, por quererle tanto y hacerle feliz. Todo el dolor del mundo nos pertenece por la pérdida de nuestro hijo y hermano. Gracias por compartirlo. Nuestra fe sostiene nuestra esperanza.Gracias querido Fernando por este homenaje a un periodista, a un compañero, a un amigo y amigo y a una buena persona. Un abrazo infinito“.Como ya te conté hace tiempo, tuve el privilegio de trabajar en el Senado con Fernando Valderrama, en los primeros años de la década de los ochenta. Y uno de nuestros grandes viajes –paradojas de la vida- fue a Moscú, invitados por el PCUS. Me pidió unas notas para cerrar ese homenaje moscovita. Estas fueron mis palabras amparadas en un canto a la vida de origen escocés, que también formaron parte de tu despedida.Tito: “Podemos llorar porque te has ido, o podemos sonreír porque has vivido. Podemos cerrar los ojos y rezar para que vuelvas; o podemos abrirlos y ver todo lo que nos has dejado. Nuestras almas y nuestros corazones pueden estar vacíos porque no podemos verte; o podemos llenarlos del amor que compartimos durante más de 40 años.Podemos llorar, cerrar nuestra mente, sentir la soledad y dar la espalda al destino; o podemos hacer lo que a ti te gustaría: sonreír, abrir los ojos, amar y seguir adelante. Siempre adelante. Esto es lo que haremos: amar y seguir adelante.”Queridos amigos y familiares: puedo afirmar que Tito descansa en paz entre un mar de trigales que se han adelantado a la primavera.”A nosotros, tras la pérdida de un hijo y de un hermano, solo nos queda aprender a respirar, a reequilibrar nuestras vidas, a valorar la fuerza de la familia y a mirar adelante sin miedo, sin culpa, sin odio y sin rencor. ¡Que Dios nos proteja!












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