AL ATARDECER/// BAHÍA DE ÍTACA///ANTONIO REGALADO///Podría decirse que en aquel tiempo éramos pobres pero nunca nos faltó de nada. Tu casa era un refugio para todos los que veníamos al exilio interior desde la Salamanca profunda, desertando del arado y sin agallas para emigrar a Francia o a Alemania. Y ahí estabas tú, con un corazón cinco estrellas ayudándonos a seguir siempre adelante.
BAHÍA DE ÍTACA/IN MEMORIAN
Al atardecer
Antonio Regalado
Querida
tía Dora:
Cuando Mari Val me llamó el pasado lunes para decirme que estabas ingresada y muy malita, pensé que habías llegado definitivamente a buen puerto: a las puertas del cielo. Lloré desconsoladamente no por perderte sino por el silencio de los últimos 12 meses. Sabes que antes del invierno último te llamaba dos o tres veces por semana para saber cómo te encontrabas. Las conversaciones eran cada vez más cortas. Pero me sentía más cerca de ti. Después del naufragio de Tito no me atreví a contante la verdad: la verdad es que nos dejó el 13 de enero cuando más falta nos hacía a todos. Seguro que ha salido a tu encuentro para darte el primer abrazo y para decirte: gracias, tía por todo lo que quisiste a mí padre, a mi madre, a mi hermana Carmen, a Bárbara y a mí. Seré tu guía: yo te enseñaré esta parte del paraíso donde se encuentran las buenas personas”.
La noticia de este miércoles a primera hora no me sorprendió. Pwro volví a llorar porque tú siempre fuiste una verdadera madre para mí. Compartí la vida con vosotros seis años (de 1966 a 1972) en la humilde casa de demandadera de las Reverendas Madres Catalinas, y siempre me trataste como a un hijo más. Recuerdo que llegué a Alcalá un 8 de abril y desde entonces nunca he dejado de recordártelo. Dos días después, comencé a trabajar en Suwide Española y ese mismo año reanudé mis estudios del Bachillerato Superior. Trabajaba por la mañana de 7 a 15 y los sábados de 7 a 14 horas. Asistía a las clases de la Academia de Santo Tomás de 16 a 21. Y luego a estudiar por la noche mientras tú cogías puntos a las medias y hacías jerséis y milagros con la tricotosa. ¡Qué gran invento¡
Teníamos lo necesario para sobrevivir pero nunca te vi quejar de nada; nos acogiste en casa a varios sobrinos, primos y familiares de San Muñoz. Y a Antonio que vino desde Medina del Campo a trabajar a Perfumerías Gal Los patriarcas de la familia eran tu hermana Carmen, maestra y su marido, don Julián, maestro diezmilista y una institución para colocarnos a todos.
¡Cuántas noches y fines de semana, querida tía Dora, compartimos tú y yo, tomando café solo para no dormirnos! Mi diversión en aquel tiempo consistía en asistir al cine de programa doble los sábados. Luego, cerveza con patatas bravas y a casa. Solo los sábados tarde. Y después a seguir estudiando porque tenía que prepararme por mi cuenta las asignaturas de la mañana (Filosofía, Lengua, Literatura y Dibujo). Te acordarás, seguro, de aquel sábado noche, frisando la una, cuando acabé de realizar con tinta china unas circunferencias concéntricas. Estaba satisfecho del trabajo. Levanté el compás. Y ¡zas! Cayeron dos borrones y rompieron cuatro horas de trabajo…. Te reíste, me trajiste otro café negro y a repetir el ejercicio. Terminamos al filo de la madrugada. Y aprobé el Dibujo, mi verdadera bestia negra en el bachillerato.
Perdona, tía Dora, porque hable de mí. Solo pretendo decirte –bien lo sabes-
que fuiste la persona más importante de mi vida en el momento que más lo
necesité. Gracias a ti pude terminar el Bachillerato, la Reválida, el Preu
e ingresar en la Universidad. Y ser periodista… Nunca te lo conté pero mi
madre tenía celos de ti. Cuando yo regresaba a casa, siempre decía: sí, tía;
gracias, tía… Mi madre, una tarde, me espetó: “Yo no soy tu tía, soy tu
madre”. Me dolió pero no pude evitarlo. ¿Quién ha dicho que no se
puede querer a dos madres?
Siempre me he preguntado qué hubiera sido de mi vida si no te hubiera conocido, sin que cuidaras de mí como lo hacías del tío Modesto, de Mari Val, de Miguel Ángel y de Marce. Recuerdo que el 8 de abril de 1966, amaneció gris, con el cielo encapotado. La ciudad terminaba prácticamente en el arco de la Puerta de Madrid donde íbamos a comprar lechugas y tomates en los huertos, al otro lado de la carretera de Pastrana. Luego la especulación lo corrompió casi todo. Aún tenía tiempo para colaborar en el periódico local con Ramón Pérez (director y, sin embargo, amigo y protector) y con Sandalio San Román (editor).
Corazón cinco estrellas
Querida tía Dora: te conocí el día de tu boda en San Muñoz. Yo era un crio pero recuerdo como si fuera hoy verte descender por las escaleras que llevan a la Iglesia, como una reina. Siempre fuiste hermosa por dentro y por fuera. Y recuerdo la comida en casa de tu padre, el señor secretario: arroz y mucho pollo. El destino fue muy generoso conmigo al cruzarte en mi camino: siempre fuiste una persona buena, espléndida, generosa… Cuando más dabas, más tenías. Adorable.
Podría decirse que en aquel tiempo éramos pobres pero nunca nos faltó de nada. Tu casa era un refugio para todos los que veníamos al exilio interior desde la Salamanca profunda, desertando del arado y sin agallas para emigrar a Francia o a Alemania. Y ahí estabas tú, con un corazón cinco estrellas ayudándonos a seguir siempre adelante. Sin darte cuenta, tú descubriste la solidaridad, la filantropía, la hospitalidad, la generosidad, la ternura. Derrocharse cariño a manos llenas. Nunca nos sentimos emigrantes. Por eso te hemos querido y te seguiremos queriendo. Nadie más humilde, nadie más grande, nadie más cariñosa, con nuestras familias que tú. Fuiste un ejemplo de honradez y valentía durante toda tu vida. Una trabajadora incansable.
Querida tía; querida madre: creo que te has ganado el cielo en esta tierra. Y durante esa vida tan larga. Termino diciéndote hasta pronto. De ti no nos podemos despedir todavía porque siempre estarás en nuestros corazones. Dale un beso muy fuerte a nuestro Tito que estará contigo allí arriba. “Podemos llorar, cerrar nuestra mente y dar la espalda al destino, -como le dijimos en Canillas a nuestro hijo y tu ‘nieto’- pero vamos a hacer lo que a ti te gustaría: sonreír, abrir los ojos y seguir adelante. Esto es lo que haremos: amar, rezar, recodarte y seguir adelante”.
Todos
los que estamos aquí, querida Dora, tenemos el deber de transformar el
dolor en entereza. Tu fe nos dará la fuerza suficiente para que tu recuerdo
permanezca como un regalo inextinguible. La vida se reduce a cuatro palabras: amar
y ser amado. Querida tía, tú has amado en demasía y por eso te hemos
querido tanto. Tenías el alma de madre Teresa. Unos hiciste felices, Ahí lo dejo.
“En el atardecer de la vida nos examinarán del amor”, aprendimos con San Juan de la Cruz. Tú, has pasado este examen final con sobresaliente “cum laude”. Gracias por todo; que Dios te bendiga; cuídate y cuídanos desde el cielo. Rezamos sobre todo por nosotros porque lo necesitamos más. Querida tía Dora y querida madre. Descansa en paz. Un abrazo eterno.
PD.
Estos atardeceres cercanos a casa los capturé en los últimos días, precisamente
para ilustrar esta carta que, seguro, me responderás desde la eternidad.
EL RINCÓN DE LA POESÍA
Es cierto que "los sueños, sueños son", pero en muchas ocasiones
son necesarios para que la realidad nos permita vivir algo mejor.
DURA REALIDAD.
Sólo fue un despertar de mis ensueños.
Me vi fundido con las realidades,
y fueron todavía más pequeños
esos segundos de mis libertades.
Qué pena cuando vi que no tenía
en mis manos la brisa de la tarde.
Que en mis pasos la hierba se perdía
sin demostrar de su verdor alarde.
Que la luz no me daba el sentimiento
de alcanzar con mis dedos las estrellas
y a su lado vivir cada momento
para poder adormecerme en ellas.
Porque ya no encontraba en mi camino
blando pisar exento de guijarros,
y el agua no era fondo cristalino,
sin negación, ni suciedad, ni barros.
Y al dejar esos sueños, la certeza
puso a mi mundo en pie sobre el desierto,
y se rompió mi pobre fortaleza
al encontrarme solo, tan despierto.
Quiero hacer porque el sueño me visite,
que aunque a alguien pueda parecer engaño,
acaso de ese sueño necesite
para subir el último peldaño.
Julián Martín Martín, con mis sueños
en Carrascal del Obispo. 23-10-2021.
Comentarios
También lo haces con fe, en la confianza de que ya estará en el Reino de Dios.
Repasas cronológicamente la secuencia de la vida al salir del seminario Trinitario. La verdad es que muchos seminaristas como tú, tenemos trayectorias similares, en la que algún familiar de nuestros padres, fueron clave para que pudiéramos desarrollarnos y hacernos "hombres de provecho" como se decía en la segunda mitad del siglo XX.
Te acompaño en el dolor, y rezamos para que tu tía ya se encuentre en el Reino de Dios.