BAHÍA DE ITACA/ Fado entre encinas/ Paco CAÑAMERO - Por Antonio REGALADO
Vuelve
la Cultura al Casino de Salamanca con la presentación de FADO ENTRE ENCINAS
de Paco Cañamero
Recuperar el pasado
Antonio
REGALADO. Fotos: Angel Esteban y P. CAÑAMERO
El Casino de Salamanca abrió sus puertas de
par en par a la cultura. Esta institución es la referencia que marca el pulso
de la creatividad y la pandemia, por
desgracia, nos dejó en ese limbo
donde durante 20 meses no existieron encuentros
ni besos ni abrazos. Este miércoles lleno hasta la bandera para recibir
el último libro de Paco Cañamero “Fado
entre Encinas”. La coordinación
del evento corrió a cargo del periodista y presentador de 8 TV Víctor Soria, que llegó con la lección
bien aprendida.
Nos puso en antecedentes de aquel accidente que hermanó para siempre a España y Portugal. Una solidaridad que sigue viva porque el dolor une más allá del tiempo y la distancia. Felicitó a Cañamero por su reciente Premio Internacional Dr. Zúmel sobre toros; un premio merecido en este tiempo de acoso y derribo desde el gobierno de la Nación a todo lo que signifique la unidad de España. Ni es el primero ni será la última distinción para un hombre que ha dejado media vida en defensa de la Fiesta Nacional.
El
héroe de la jornada
Soria, dejo en suerte ante el auditorio a Julián Moro, que con sus 17 años como
joven guardia civil, cadete entonces en la Academia de Valdemoro, recordó a los
presentes –muchos de ellos familiares e
hijos de los fallecidos- la dimensión de la tragedia. En el Capítulo VII, Paco le califica de héroe porque
demostró la experiencia de un comandante en jefe para organizar minimizar aquella
tragedia, una semana antes de la Navidad del 65. Aquellas imágenes dantescas le
han perseguido hasta hoy; pero sabe que lo único que hizo fue cumplir con su deber de hijo de Guardia Civil y aspirante a miembro de la Benemérita. Su valentía
y responsabilidad desde aquel 18 de diciembre no se le suponen; las dejó bien
acreditadas en el campo de batalla… Porque aquellos trenes empotrados en el
Villar de los Álamos, -El Sudexpreso y el Ligerillo- con esa espesa niebla y esa columna de humo
negro ocupando los cielos- contrastaba con la desoladora morgue improvisada en
el andén con decenas de personas calcinadas por el agua hirviendo de las
calderas que explosionaron y cubrieron de brea todo el horizonte.
Julián
Moro fue prudente en el relato… e impresionó a la audiencia cuando dijo haber encontrado
a una niña sin vida en un vagón destrozado entre su madre y una viajera… “Nunca he podido olvidar esa imagen”,
confesaba a este periodista que, por azar también estuvo allí. Viendo aquella antesala del infierno pero sin intervenir
porque me quedé paralizado desde que llegué de Aldehuela al filo de las diez y
media en la bici de mi padre hasta que abandoné el lugar pasadas las cinco de
la tarde.
Paco Cañamero, viejo amigo y compañero de TRIBUNA me pidió que escribiese el Epílogo del Libro pero solo fui capaz de contar una breve historia que debía ser contada, creo yo, de una tragedia que el paso del tiempo olvidamos olvidar.
Como Víctor ya le había felicitado por el Premio Taurino me limité a recordarle que “defender hoy los toros es una heroicidad, que la fiesta está amenazada de muerte por los mismos que quieren destrozar nuestra convivencia. Y le reiteré la enhorabuena porque la Fiesta seguirá mientras haya periodistas defensores de la Libertad como él acredita en su Glorieta”.
La
hoja roja
Con tus más de 30 libros
publicados, querido Paco, eres el nuevo Miguel
Delibes de Castilla y León. En FADO
ENTRE ENCINAS, al igual que en AQUELLA MAÑANA DE DICIEMBRE recuperas
la Memoria de dos tragedias paralelas separadas apenas por 20 kilómetros de
distancia (entre el Villar y Muñoz) y por
13 años donde el tren rompió más de sesenta vidas y dejó truncadas las
esperanzas de un centenar de supervivientes.
Gracias, Belén, Belén Vaquero, víctima
del accidente del tren y el bus escolar de Muñoz, que nunca has perdido la
sonrisa y la bondad; porque tu presencia aquí y tu valor son un ejemplo para
todos los que tenemos el privilegio de ser tus amigos. Y de ser supervivientes
también en otras guerras de esta vida. Gracias también a los familiares de las
personas afectadas por la tragedia de El Villar de los Álamos.
Paco, eres, -decía yo en el
Epílogo-, un arqueólogo de nuestra
historia provincial y regional y muy en especial de nuestra Campo Charro. Nuestro
Indiana Jones de la literatura. Solo
tú podías rescatar del olvido estas historias que sembraron de solidaridad, de sangre
y de luto nuestra tierra.
En el
accidente de Muñoz perdí a un familiar querido y en el de Villar de los Álamos
fui testigo directo porque pude presenciar y comprobar minutos después de la tragedia, cómo
debe ser la antesala del infierno.
Escribí en este libro en pleno corazón de la pandemia que pasé varios días sin dormir y sin comer. Y aquí y ahora debo confesar que tardé
años –muchos años- en poder llorar.
Fue el impacto emocional más fuerte que recibí en mi juventud y que marcó toda mi vida. Pero me sirvió como antídoto para informar años después en RNE de los asesinatos de la Calle del Correo, en Madrid, con 13 muertos; de los atentados de la Plaza de la República Argentina (20 guardias jóvenes asesinados por ETA y del atentado del 11-M de 2004 con 192 muertos y 1.500 heridos ese día en el que “quedaron sin beso muchos labios” citando a Julián Martín, nuestro grandísimo poeta salmantino. Y, sin embargo, paisano y amigo, que también ha escrito (a voleo) un poema para la efemérides. Y que nos acompañó con su mujer Piedad, posiblemente la persona que ha inspirado a Julián los versos más hermosos de amor en el mundo rural. Surco a surco, verso a verso.
El autor de esta obra dice que es nuestro Gabriel y Galán. Yo afirmo, como lector adicto de su obra que Julián Martín Martin está más cerca de Machado, de Hernández y de Sabina. FADO es una historia con 56 años de pasado y con decenas de familias españolas y portuguesas unidas por el dolor. En aquel entonces, el tren era el cordón umbilical que unía nuestros dos países. Y en Aldehuela paraban siempre a llenar de agua las máquinas. Los domingos por la tarde eran una gran fiesta.
Recuerdo, perfectamente, -vuelvo a la escena
de la tragedia- como si fuera hoy mismo,
las dos máquinas empotradas y los cuerpos destrozados de unos cuantos viajeros
y de los maquinistas. Una persona gritaba desesperadamente al cielo ¡Qué ha
pasado; que ha pasado, no he visto nada…! El cielo no respondió. En efecto;
había una niebla espesa, como un velo de alquitrán en las miradas desencajadas
de los supervivientes.
Y recuerdo, cómo no, a un
cadete de Valdemoro, Julián Moro dirigiendo todo el operativo logístico. No
exagero si digo que fue un pionero de los GEOS y del nuevo cuerpo de la UME (la
Unidad Militar de Emergencias).
¿Cuántas vidas salvaron él y sus colegas
guardias civiles con sus decisiones
acertadas, parando coches en la Nacional 620 y enviando heridos a los hospitales
de Salamanca mientras llegaban los refuerzos dese la capital? Merecen
una Medalla… pensionada.
Vamos
a darles, con retraso las gracias a Julián y a todos los agentes de la Benemérita
y a los sanitarios que acudieron de Matilla, Aldehuela y Calzada. Aquí el hoy
doctor José Prieto, entonces en segundo
de Medicina, acompañó al médico y aprendió la primera lección de urgencias. Lo
conozco desde años y no ha olvidado aquella escena.
Me consta, Paco, que te has informado con datos de varios supervivientes. Contrastando fuentes. Yo conocí a la señora Hortensia, de Aldehuela, que viajaba a Salamanca esa mañana y que fue encontrada 14 horas más tarde en el Campo del Hospicio a dos kilómetros de distancia… El domingo siguiente al accidente, don Celestino celebró una Misa de acción de gracias porque la señora Hortensia seguía entre nosotros. Siempre hay que creer en los milagros. Tener fe es un privilegio, sin duda.
Perdona Paco, pero aquí hemos
venido a hablar de tu novela.
Lo diré en tres palabras:
Bien estructurada, creíble y con ese “toque
Cañamero” –como “el toque Lubistch en el cine”- ese toque de humanidad que tú imprimes a las
tragedias haciéndolas tan humanas. Una nostalgia de fados. Se lee de un tirón. El paso y el peso del
tiempo no han restado dolor ni verosimilitud –es decir, verdad- a este relato
de nuestra juventud… que tú resucitas
ahora, al final del coronavirus, para que
no nos olvidemos de nuestros semejantes. ¡Con qué velocidad de vértigo camina
el tiempo! ¡Yo no había empezado a
trabajar y ya estoy jubilado hace siete años¡ No pasa el tiempo, queridos
amigos, pasamos nosotros… Pero aún no ha aparecido la última hoja roja del librillo de fumar cigarros
que nos contaba el maestro don Miguel Delibes. Aún queda la vida.
Creo, que entre todos, al igual que nuestro
amigo Félix Torres ha hecho en Muñoz
y Florita
en La Sagrada, sería el momento de levantar un pequeño monumento para recordar especialmente
a las víctimas y a sus familiares. Es tiempo todavía de más solidaridad entre
España y Portugal.
Algo sobrio. Trasplantar una encina (o
sembrar bellotas y esperar), y grabar en una pequeña lápida, junto a la cruz
redentora y el título de tu libro, los
nombres de los que perdieron la vida aquel 18 de diciembre de 1965. Mientras
permanezcan en nuestro recuerdo, seguirán alimentando nuestra esperanza. Gracias
de todo corazón a todos por estar aquí. Un abrazo eterno, y muy buenas tardes.
El
cronista global
Cañamero es un todoterreno del
periodismo. Pero ama en demasía el universo de los toros, el imperio del
fútbol y sigue enamorado de nuestro Campo Charro y de Portugal. Su pasión es
escribir, juntar palabras sencillas e hilvanar historias llenas de humanidad.
Sobrio como nuestra tierra y nuestra gente, está condenado de por vida a escribir. No es el paraíso,
ciertamente, cuando tienes que contar lo que pasa o dar vida –contar lo que
pasa es lo más revolucionario- a personajes que intentan hacerte la vida imposible;
Paco es relator de mil mundos siempre mirando hacia delante porque es, ante
todo, un hombre libre y su horizonte es
tan lejano como su esperanza.
Explicó Paco cómo gestó esta novela arrancada a la realidad y cómo fue dándole vida propia sin retorcer la desgracia. Es una versión gemela de “Aquella mañana de diciembre”.
El escritor de La Fuente de San Esteban tuvo
palabras de agradecimiento para todas las personas e instituciones que participaron
en aquel accidente porque aquella solidaridad sigue viva. Empezando por el
Hospital Virgen de la Vega, recién inaugurado, que tuvo entonces “su bautismo
de fuego”. Y cumplió con su deber de salvar vidas.
Creo que acerté al definir antes al colega
Paco como el “Lubitsch” del periodismo nacional, con ese toque imperecedero de “To be or not to be” que define toda una filosofía de vida: contar la
verdad entreteniendo al lector. Paco es un periodista global. En Fado entre encinas, además, rescata una
historia interminable que hermanó para siempre a españoles y portugueses. Hoy, la
pertenencia a la Unión Europea desde mayo de 1986 ha derribado todas las fronteras comunes con 1.292 kilómetros
compartidos. Porque, desde Huelva a Pontevedra somos todos ya un solo pueblo.
Julián Martin Martín, ennobleció el acto leyendo su poema “A la sombra del recuerdo”, cien versos inéditos reverdeciendo aquella Navidad desoladora en nuestro pueblo de Aldehuela de la Bóveda. Se llevó los mejores aplausos. Transcribe el dolor de aquella jornada indescriptible, con versos arrancados a unos railes rotos, a unos hierros embadurnados con sangre de víctimas inocentes en una mañana de niebla londinense. Helos aquí:
Cerró el acto Pedro Méndez González, director del Casino de Salamanca
agradeciendo a los asistentes que asistieran al primer acto cultural tras largos
meses de pandemia. Y ofreciendo el centro a Paco Cañamero para que vuelva con
su próximo libro. Ya a las puertas de la imprenta KADMOS.
Fado entre encinas –historia y literatura- se encuentra directamente en las librerías importantes de Salamanca y provincia y directamente en pacocanamero@yahoo.es y en el 606822539. Volveremos al Casino a celebrar una nueva obra del escritor más prolífico de nuestra Comunidad. Cómprenlo. Siempre es rentable invertir en cultura.
Todos con la Isla de la Palma
Comentarios
Nos has cautivado con el relato desde la presentación del evento por el periodista Víctor Soria que, en su presentación felicitó a Paco Cañamero por la concesión del XXXIII premio literario taurino “Doctor Zumel”. Y naturalmente, nos hemos sentido invitados a examinar la historia de estos premios. Hemos descubierto que, Cañamero ya ganó el premio allá por el año 2010. Hemos seguido el orden de tu crónica y disfrutado de tu redacción fresca y amena, hasta el cierre del acto por Pedro Méndez González, director del Casino de Salamanca.
También has acertado haciendo un corte con el reiterado relato al que obliga nuestra desnortada clase política que, ha convertido el ambiente social en un hábitat con una atmosfera pestilente, contaminada y nauseabunda. Gracias por este soplo de aire fresco.
Y este soplo de aire fresco nos tiene ayudar y hacer reflexionar, para exponer de una manera multidisplinar, libre y abierta la realidad social del día a día, al margen de la política.
El filósofo bilbaíno Daniel Innerarity decía; “La sociedad se está organizando al margen de los políticos”.
Gracias y enhorabuena por tu crónica Antonio.
Santiago Gómez Díaz