EN LA LÍNEA DE FUEGO///BAHÍA DE ÍTACA///ANTONIO REGALADO/// Arde la Mezquita de Córdoba. Arde España por los cuatro costados. Nos duele está socialización del dolor. Sabemos que hay que volver a empezar. Los montes y el ganado son la vida para los pueblos de la España olvidada.
EN LA LÍNEA DE FUEGO
Antonio REGALADO
Fotos: EL MUNDO, Moncloa, PP, ANTENA3 e Internet.
España va camino de ser un estado fallido. No puede garantizar la seguridad de sus ciudadanos. Vivimos el agosto más rojo y negro de nuestras vidas. Las columnas de fuego, humo y cenizas han impedido ver el sol en el sur de Andalucía, Navarra, Valencia, Extremadura, Castilla y León, Galicia y Asturias. Medio país ha ardido como nunca antes. Una tea comunera. 400.000 hectáreas de tierra quemada.
Cinco muertos, decenas de heridos, 40.000 evacuados, miles de personas que lo han perdido todo y un millón de almas sumidas en la impotencia, la rabia, la desolación y la tristeza.
Pueblos enteros desaparecidos. Sin protocolos para rescatar los animales asados en las cunetas o en los bordes de los ríos. Las colmenas y los pájaros se han achicharrado. Solo algunos gatos y algunos perros fieles esperaban a sus dueños tras los desalojos. La España vaciada se apaga porque se queda sin gente y sin futuro.
La normativa europea -la Agenda ideológica 2030- es tan rígida que no facilita la prevención ni los cortafuegos. La maleza es la “carga de combustión” que dinamita todos los atardeceres. Los paisajes se han quedado sin horizonte. No se puede mirar al cielo para clamar piedad.
Cuando piden a los agricultores más tractores y más cubas de agua, allí están; siempre van, pero cuando piden más… no acuden porque no hay más gente ni más brazos en los pueblos. En el triángulo Zamora-Orense-León, han abandonado la tierra el 45 % de sus habitantes en los últimos cuarenta años.
Poco o nada hemos aprendido de la pandemia, del volcán de La Palma, de la Filomena, de la dana de Valencia, del apagón o de las inundaciones.
Mientras los montes sangran, los alumnos de P.Sánchez repiten el mantra de Paiporta: “Sin quieren algo, que lo pidan”.
Aquí no ha venido nadie
Las CC.AA exigen más medios y los ministros Marlasca y López aseguran que se han enviado todos los disponibles, incluso seis hidroaviones de la UE, pero los paisanos siguen apagando las llamas con cubos, mangueras del jardín, motosierras, ramas y palas. Y repiten: “necesitamos ayuda; aquí no ha venido nadie”.
Para exacerbar la desesperación, Margarita Robles insiste en que “mientras no cambien las condiciones meteorológicas, los fuegos son incontrolables”. Empática ministra. Trece días después, el presidente del gobierno abandonó por unas horas sus vacaciones estivales. Voló blindado desde Lanzarote a Santiago para visitar los puestos avanzados de extinción en Galicia y León.
Ni un contacto con el pueblo que sufre en sus carnes este terrorismo social. Las fotos eran exclusivas de Moncloa y la grabación en la que proponía un Pacto de Estado por la Emergencia climática fue un calco del que prometió en 2022. Nada. Ni una llamada al jefe de la oposición. Como dice mi admirado Juan José Laborda (PSOE-Burgos):“los Pactos, en los Presupuestos”.
Hoy, ante la magnitud del incendio de Jarandilla, en Cáceres -casi 175 kilómetros perimetrados que llegan hasta Candelario, Salamanca-, ha vuelto a la Península para visitar también Zamora, la provincia más afectada, un año más. Alejado de sí mismo, con una escolta romana, cortó una carretera para no escuchar las quejas de los habitantes de Jarandilla que le exigían decir la verdad: “Aquí no ha llegado nadie, hable con el pueblo, escuche a la gente”. Los medios solicitados tardaron 8 días en llegar, desde el día 7 al 15 de agosto, según un email de Protección Civil a la Junta de Extremadura.
¿Por qué no se han desplegado antes unidades especiales del ejército con maquinaria pesada, incluso para vigilar los pueblos evacuados? Por cierto, ¿dónde está el ministro de Agricultura? ¿Se ha inmolado? El medio centenar de detenidos y los 98 sospechosos investigados de prender intencionadamente los matorrales confirman que las medidas coercitivas no son suficientes. Una idea sencilla: hacer cortafuegos para que las llamas no lleguen a las casas de los pueblos.
¿Hay alguna mano negra, alguna conspiración “judeo-masónica”, que aliente las pasiones y la venganza por carbonizar nuestras tierras? ¿Tienen algo que ver los especuladores de molinillos, placas solares y tierras raras o los dueños de cotos de caza para que las hogueras se multipliquen exponencialmente con las olas de calor?
No. Los expertos denunciaron que, tras las intensas lluvias de primavera, la maleza acumulada era un polvorín. Y denunciaron que había que limpiar los bosques. ¿Qué se fizo? Nada. Los ecologistas no permiten levantar una piña del suelo. El fuego las explosiona como bombas de racimo. Por decirlo con palabras de un bombero en la línea de fuego: “suena como el sonido de los aviones al despegar”.
Los calores de junio convirtieron esos ríos, valles y montes sin limpiar en un arsenal de munición incontrolada. Un dato: apagar un fuego de unas 4.000 hectáreas cuesta 20.000 euros, prevenirlo, 2000.
Desde la crisis encubierta de Zapatero en 2007, los dineros destinados a prevenir los incendios se redujeron hasta un 60%; hoy, 18 años después, seguimos por debajo de las cifras de entonces. De los 72 millones de € de los fondos europeos destinados a la regeneración forestal, el Gobierno solo ha invertido hasta ahora, 2,7 M. Esto lo explica todo.
Más allá de la UME, los bomberos forestales están desbordados. Las Diputaciones provinciales han jugado un papel importante pero insuficiente. Las Autonomías subcontratan cada tres años a empresas privadas los servicios de conservación; los peones forestales apenas ganan 1.300 euros mensuales. Los cursos de formación para entrar no superan los 15 días. Las condiciones son extremas porque muchos de los contratos son fijos-discontinuos. Incluso algunos, en protesta, provocan, como en Ávila, los incendios.
Contrasta este salario con los de la ciudad. Ejemplo: la ex subdirectora del Museo Valenciano de la Ilustración y de la Modernidad (MUViM), miembro de UGT y del PSOE, Carmen Ninet, cobraba la friolera de 87.754 euros anuales. Ya se ha demostrado que no acabó ni el Bachillerato. Su marido es José María Ángel Batalla, excomisario del Gobierno en la Dana, falsificador del título universitario que le acreditó como Licenciado en una carrera que no existía con un sueldo de subsecretario: pongamos 120.000 euro al año. La familia que trinca unida permanece unida.
Las comparaciones siempre son odiosas. Hablo de cifras. Este es el enfoque de una realidad tan diferente entre la ciudad, el despacho, la burocracia y el mundo rural. Una desigualdad y una injusticia.
Todos contra el fuego
El Rey siempre en primera línea de fuego. El presidente ha declarado en Extremadura que quiere contar con todos para el Pacto de Emergencia climática. Señor Sánchez, hable antes con los que saben: necesitamos un pacto contra el fuego. Nada más y nada menos. Usted no es el dueño del viento, ni de la temperatura, ni de la humedad ni de las lluvias.
Los incendios de sexta generación se producen con mucha explosividad por causas naturales (rayos, erupciones volcánicas) y humanas (negligencia, cigarrillos, fogatas, barbacoas), intencionales (piromanía, quema de basuras y rastrojos) y accidentes (eléctricos, industriales).
Las consecuencias ambientales se traducen en pérdida de biodiversidad, erosión del suelo, contaminación del agua y de la lluvia. Las consecuencias humanas afectan a la pérdida de vidas, lesiones, daños a propiedades e infraestructuras. Las condiciones económicas son siempre difíciles de calcular: costo de extinción, daños a la agricultura y ganadería, corte de carreteras, cierre de circulación en vías férreas durante varios días (ejemplo: Madrid-Galicia, 7 días). La mayor parte de los agricultores no tienen Agroseguros. El hambre acecha si no ayudamos a nuestros agricultores y ganaderos.
Las medidas de prevención pasan por la detección temprana con sistemas de alerta rápida, por la educación y concienciación sobre los riesgos, por las brigadas de bomberos, los equipos de extinción, aviones y helicópteros de combate contra incendios y una planificación previa: emergencias, evacuación y gestión forestal sostenible durante todo el año. Los fuegos se apagan en invierno.
La teoría del 30/30/30 se refiere a una regla general para evaluar el riesgo de propagación. Según esta teoría, si se cumplen las siguientes condiciones, el riesgo de propagación del incendio es alto: a) Velocidad del viento superior a 30 km/h. b) Temperatura del aire superior a 30°C. Y c) Humedad del aire superior a 30°C.
Reconstrucción
Estamos en guerra abierta contra la indiferencia durante demasiado tiempo. Pandemia, volcán, dana, inundaciones y fuego. Muchas ascuas. Aunque los fuegos siguen inalcanzables hay que ir pensando en cómo recomponer las vidas de nuestros conciudadanos que se han quedado en la ruina. Porque hay que volver a empezar.
La primera medida es evaluar los daños. Nuestro primer ministro se ha comprometido a declarar zona catastrófica la reconstrucción el próximo día 26. El plan de choque lo ha pospuesto hasta septiembre, unas horas después de condonarle 17.000 millones de deuda a Cataluña. Una desvergüenza.
No hay un minuto que perder. ¿Cuánto dinero hace falta para devolver con urgencia la esperanza a los que lo han perdido todo? No lo sé ¿25.000/50.000 millones? ¿De dónde van a salir las ayudas sin PGE desde el 2023?
No nos hagamos trampas en el solitario con promesas incumplidas. Hace falta voluntad política. Y ese pilar lo debe mantener el gobierno de la Nación. Está tragedia es nacional y el Gobierno tiene el deber de liderar el proceso.
Las consecuencias de esta ola de calor marcan una nueva era. Ha llegado la hora de pensar como hombres de acción y de actuar como hombres de pensamiento. Ya nos lo enseñó Bergson.
Primero, nuestra solidaridad con los bomberos y voluntarios fallecidos y con sus familias; segundo, proporcionar ayuda sicológica y emocional a las personas afectadas. Los hombres y mujeres del campo están rotos. El dolor no puede socializarse. Ni politizarse por un puñado de votos.
La reconstrucción del centenar de megaincendios que han devastado nuestras tierras no debe ser muy diferente a la de una guerra civil o a la de a anexión por la fuerza. Hay que evaluar daños y riesgos, crear un plan integral, establecer prioridades y objetivos, restaurar suelos y ecosistemas.
Además: retirada de escombros y restos, implementar medidas de prevención contra la erosión, rehabilitar infraestructuras –carreteras, puentes, suministro de luz, agua y telecomunicaciones–. Rehabilitación inmediata de las viviendas que aún puedan ser habitables y construcción de edificios seguros y sostenibles.
Paralelamente, tomar medidas para la prevención y desarrollar programas de apoyo económico y social. Lo más necesario es priorizar la seguridad y el bienestar de las personas y del medio ambiente.
Los desafíos necesitan urgente financiación, coordinación de esfuerzos y tiempo prudencial para que las personas damnificadas no caigan en el olvido y en la desesperanza. Tienen derecho a rehacer sus vidas. Necesitan consuelo.
Soy hijo, nieto, bisnieto y tataranieto de labradores de arado romano. Mi padre llegó a tener una vertedera un septenio antes de la Transición; todo un invento para la época. Yo deserté pronto de la mancera porque nunca tuve agallas para arañar la tierra. Pero mi familia sigue trabajando la heredad y mi alma sigue siendo campesina. Nada del mundo rural me es ajeno.
Desde pequeño aprendí que hay que limpiar los montes; una vez recogida la cosecha de trigo, cebada y avena -propio del secano- los labradores, según la proporción de su propiedad, realizaban las “jeras” horas dedicadas colectivamente a mejorar el entorno. Nunca conocí un incendio y los conatos se apagaban en una hora. Las campanas tocaban a rebato y todos corríamos a enfrentarnos al enemigo. La prevención en el Campo Charro es ancestral. El ganado es el mejor bombero. Siento el latir de los surcos y comparto su dolor y su esperanza. Jamás he olvidado el camino de regreso a casa.
Las imágenes infernales han alimentado todos los informativos. El incendio más grande en España este año ha sido el de Molezuelas de la Carballeda, en Zamora, que ha quemado un perímetro que, según el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), rodea las 38.000 hectáreas. Las puertas del infierno.
Las devastaciones en el Parque Nacional de Las Médulas (León), Patrimonio Mundial de la Humanidad, en Los Picos de Europa o en los alrededores del Lago de Sanabria son incalculables. Tardaremos tres décadas en verlas reverdecer.
La décima parte de la provincia de Orense (7.273 km/2) ha sido pasto de las llamas. Son cuatro ejemplos de desolación como lo sucedido en Tarifa. Doble incendio intencionado que acabará con el turismo. “Se venden parcelas” publicitaba una promotora junto a los chalets de 10.000 euros de alquiler cercados por los escombros. Una ironía frente a Gibraltar. De ahora en adelante, alguien desarrollará el “turismo de las cenizas”. Hay gente “p’a tó”.
El estado somos todos
Más allá del “gatillo fácil” de los tuits incendiarios del ministro Puente, con trenes varados todos los días sin que se digne dar una explicación, el que escribió contra Mañueco “Castilla y León está muy caliente” le perseguirá toda la vida por su crueldad.
Un Óscar doloroso contra sus paisanos. Este tipo de Valladolid es indigno de ser ministro del Reino de España. Tendremos tiempo de criticar si el gobierno llegó tarde o si el presidente tardó ocho días en descolgar el teléfono y llamar por teléfono a los presidentes comunitarios. Ahora, a coordinar esfuerzos para apagar los fuegos.
Los refuerzos de Francia, Italia, Alemania, Bélgica, Rumania, Grecia, Andorra, Chequia y Eslovaquia confirman que los medios son insuficientes y que las capacidades del Ejército exigen una movilización más inmediata. La misma táctica de contención que en Valencia. Retuvieron cuatro días a los militares (salvo a la UME) y todos conocemos la tragedia humana, social y económica.
Aquí puede pasar lo mismo por falta el liderazgo. Estuvo oportuno el presidente de PP, Alberto Núñez Feijóo y presto presto en exigir el despliegue del ejército y en pedir al gobierno que solicitara ayuda a la UE. Ante una emergencia nacional de esta magnitud, según la Ley de Seguridad Ciudadana, es el ministro del Interior quien tiene que decretar el nivel 3 de emergencia y asumir todos los poderes.
La estrategia socialista pasa por desgastar a las Regiones del PP para denunciarlas luego por incompetentes. Márketing electoral. La filosofía de Mañueco, Moreno, Guardiola y Rueda es simple: si no hay medios ¿para qué pedir el nivel 3? La verdadera razón es más simple todavía. “No se fían de Marlasca”.
¿Quién puede fiarse de un personaje oscuro que maltrata a la Guardia Civil, a la Policía Nacional, excarcela a etarras y permite que humillen a las víctimas del terrorismo en las fiestas del País Vasco, que dejó huir a Puigemont y que ha desmantelado la lucha contra el narcotráfico en el Estrecho? Nadie se fía del ministro del Interior que destrozó la carrera de Pérez de los Cobos y fue cómplice para intentar desmantelar la UCO con fontaneros de Ferraz.
Si un incendio alcanza dimensiones que amenazan vidas, infraestructuras críticas o ecosistemas estratégicos, deja de ser un problema exclusivamente regional y pasa a ser una cuestión de interés nacional. Principio de subsidiaridad esencial.
Cuando el fuego trasciende fronteras autonómicas o provoca daños de gran escala, los ciudadanos esperan que el Ejecutivo central asuma el liderazgo, no que se refugie en competencias ajenas. Asumir responsabilidad no implica invadirlas sino coordinar esfuerzos, garantizar la ayuda y rendir cuentas ante el Parlamento y la sociedad. A este desencuentro le llaman cogobernancia. En síntesis, en catástrofes de esta magnitud, el Gobierno no solo puede intervenir; tiene la obligación política, legal y moral de hacerlo.
Ha llegado la hora de no dejar a nadie atrás. La desesperación, la soledad, el desamparo no deben ser el cultivo de una tierra yerma. Si yo pudiera llorar, lloraría con mis paisanos castellano-leoneses, extremeños, gallegos, asturianos y andaluces. Su dolor es nuestro dolor y su esperanza también la nuestra.
Mucho me temo que, dentro de un año, en otro ferroagosto interminable, seguiremos sin haber aprendido nada de esta catástrofe anunciada. El abandono del campo tiene un precio demasiado alto. Insistimos: el Ejecutivo de la nación es quien debe liderar el proceso de reconstrucción que tendrá que transcender al menos a cinco legislaturas.
El tablero inclinado de la política del PSOE debe buscar el equilibrio de la balanza dedicando todos los recursos disponibles para atender a los más desesperados del mundo rural. Sin Presupuestos será imposible. La España vaciada del noreste debe llenarse de confianza, seguridad y solidaridad. Extendemos la solidaridad a los vecinos portugueses. Nadie criticaría un crédito extraordinario del BCE para devolver la vida y el futuro a los españoles decentes que siguen aún espantados por los fuegos, el humo y las cenizas.
Termino recuperando una canción de Joan Manuel Serrat de hace medio siglo. Se trata del poema, “Pare” con el que el cantautor catalán conmueve y nos obliga a reflexionar sobre cómo preservar la vida de nuestro mundo rural. Dice así:
Padre, dígame qué le han hecho al río, que ya no canta; que resbala como esos peces que murieron bajo una manta de espuma blanca. Padre, el río ya no es el río; antes de que llegue el verano, esconda usted todo lo que encuentre vivo.
¿Qué le han hecho al bosque, padre, que no hay un árbol? ¿Con qué leña encenderemos fuego y en qué sombra nos cobijaremos, padre, si el bosque ya no es el bosque?
Antes de que se haga oscuro, guarde usted un poco de vida en la despensa porque sin leña y sin peces tendremos que quemar la barca, tendremos que andar sobre las ruinas y tendremos que cerrar las puertas de casa con muchas llaves.
Y usted nos dice, padre, que, si hay pinos, hay piñones; que si hay flores hay abejas y cera y miel… pero el campo ya no es el campo.
Alguien anda pintando el cielo de rojo y anunciando lluvia de sangre. Alguien que ronda por ahí, padre; son los monstruos de carne con gusanos de fierro.
Asómese y les diga que usted nos tiene a nosotros y les diga que nosotros no tenemos miedo, padre. Pero, asómese, porque son ellos los que están matando la tierra.
Padre, deje usted de llorar que nos han declarado la guerra. Canallas que queman nuestros bosques, ensucian nuestras aguas, envenenan nuestros alimentos y enriquecen con las miserias ajenas (Serrat, 1975).
Arde La Mezquita de Córdoba. Arde España por los cuatro costados. Nos duele esta socialización del dolor. Sabemos que hay que volver a empezar. Los montes y el ganado son la vida para los pueblos de la España olvidada.
Terminaré este lamento solidario en voz alta con el titular de una periodista grande que nació en Palacios de Sanabria (ZA) y que nunca perdió sus raíces labradoras, Lucía Méndez (El Mundo, 18 de agosto). “Venganza de humo y cenizas: el olvido que ya somos”. Hay que volver a empezar, querida colega y, sin embargo, amiga.
Rendición de Ucrania y de la UE
El recibimiento que Trump dispensó a Putin en su encuentro en Alaska anunciaba que la suerte de Ucrania está echada. Zelensky se rinde con cuatro condiciones: ceder el acceso al Mar Negro por el Dombás, renunciar a que en su territorio haya tropas europeas y estadounidenses, ingresar en la OTAN y no recuperará la anexión de la península de Crimea (2014).
Esta es la “pax ruso-americana” que permitirá que China invada Taiwan lo antes posible y que Washington ocupe por la fuerza Groenlandia, Canadá o Venezuela.
Trump ha blanqueado al dictador ruso. La rendición de Ucrania es la rendición y neutralización de la Unión Europea y de Reino Unido. Los tres imperios se reparten el mundo que viene tras dinamitar las fronteras por la fuerza.
Los líderes de la UE acompañaron a la Casa Blanca al presidente ucraniano pero, quizás, para ratificar está rendición. Primero Trump nos aplicó unos aranceles unilaterales. No hubo respuesta . Ahora, nos ha ninguneado.
Los 39 meses que quedan de mandato trumpista serán una pesadilla y una humillación constantes a la Vieja Europa. Se acabó la globalización. Y el comercio libre. Uno que se dice liberal, se lo ha cargado pactando con comunistas. Donald Trump no es un amigo. Es un traidor colaboracionista hoy con Putin, mañana con Xi Jinping. Los dictadores siempre actúan de la misma manera. Esperemos que Oslo no conceda jamás el Nobel de la Paz a este agente antiliberal.
El presidente Pedro Sánchez se ha quedado fuera de las negociaciones antes y después de la reunión en La Casa Blanca, ha desaparecido en la guerra contra el fuego y la emergencia climática. Las cumbres de la OTAN y de la UE han devaluado su prestigio. La última batalla contra la Administración USA en Algeciras la ha perdido en favor de Túnez. Los fuegos y la corrupción siguen ahí. Bolaños quiere empitonar al juez Peinado.
Antonio REGALADO RODRIGUEZ dirige Bahía de Ítaca en: aregaladorodriguez.blogspot.com
El rincón de la poesía
Entorno de la Ermita de Cabrera.
Se derrama un arroyo silencioso
convertido en meandros desiguales,
llenando charcas, que en el campo hermoso
vida serán de entornos naturales.
Cual si quisiera alzarse hasta este cerro
de altura breve y expansión suave
para mirar, si puede, el Sacro Encierro
que solamente en Las Alturas cabe.
El arroyo de Arganza se ha formado
y refresca a las tiernas golondrinas,
que junto al rostro del Crucificado
parece que le quitan las espinas.
La nube sueña con los espinares
que entre la hierba de la vega asoman,
dándole vida en blancos singulares
que en bellas flores la ladera aroman.
Cristo viene a mirar desde la Ermita
las beldades que da la primavera
que del invierno duro resucita
para darle bondad a la pradera.
Y hasta le da al poeta la armonía
que en palabras de tibia madrugada,
dibuja en cada frase la poesía,
que le ha dictado la intuición sagrada.
Y llora de emoción el arroyuelo
con la oración que baja de la cuesta
y que se apoya a veces el el cielo
para mostrar la líquida respuesta.
Respuesta a Dios que busca lo sencillo
en las agrestes lindes de las dehesas,
marcadas con lo cierto y con el brillo
aspirando a las místicas promesas.
La promesa de Cristo es el consuelo
de la resurrección y de la vida,
la vida eterna con destino El Cielo,
El Cielo eterno donde el alma anida.
Allí se quedará mansa y en calma
liberada de todos los pesares,
porque el destino que le espera a el alma
plagada está de santos pleamares.
Pleamares que busca en el ambiente
sereno de la encina y ladera
alcanzando en el valle y en la fuente
la bendición del Cristo de Cabrera.
Julián Martín Martín. En
Carrascal del Obispo. Salamanca. 16-6-2025
Fotos de actualidad



































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